31 dic. 2013

#SherlockLives: The game is back on!


Supe por primera vez algo de Sherlock cuando apenas era un rumor, una breve noticia que se colaba por los blogs y las páginas web donde afirmaban en voz baja y sin fuentes confiables que la BBC preparada una adaptación del personaje de Conan Doyle en tiempos modernos. Recuerdo haber sonreído ante la idea mientras pasaba los renglones y las palabras, porque ya en aquel entonces sabía de sobras que Sherlock Holmes era un personaje moderno; siempre lo había sido, incluso para su época. Ese misterioso tipo que se valía de tecnología para resolver crímenes en el Reino Unido de la época victoriana. Después llegaron los detalles, los actores que aparecerían, las mentes productoras detrás de la idea, el formato de mini-serie, los casos que probablemente adaptarían, el entorno en el que giraría la adaptación, etcétera. Tuve mis dudas y mis reservas hasta el último instante; traté de balancear la información que me llegaba para contrastarla con lo poco que conocía de un personaje por demás entrañable y tan arraigado en la cultura británica como para tratarlo con sumo cuidado, a pesar de desconocer mucho de él. Sherlock Holmes es de esos seres ficticios a los que estimas aun sin haber leído algo sobre ellos. Protagonistas icónicos de novelas que van más allá de lo límites establecidos como para encasquetarlos en el ámbito de la normalidad.

Para aquel entonces mis conocimientos eran bastante limitados; obviamente tenía referencias de Holmes, no más de lo que la mayoría de las personas tienen de él. A los 12 años había leído un libro infantil con ilustraciones rándom en una versión condensada de El signo de los cuatro y tiempo después me di a la tarea de leer El sabueso de los Baskerville sin saber siquiera que era una novela de Conan Doyle hasta que me topé con el nombre del detective (una grosería, vamos), a mi favor puedo decir que el libro era viejísimo y no tenía tapa, además que algunas de sus hojas estaban dañadas e incompletas. Pero hasta ahí. Más allá de eso no sabía nada. Sólo sabía que era un detective cuyo único amigo al parecer era un tal doctor John Watson que documentaba sus historias y que Holmes tenía una habilidad extraordinaria para deducir el entorno en el que se encontraba, cosa que más de una vez intenté en mi salón de clases sin resultado alguno. Conocía la base del personaje, solamente, la estructura, pero desconocía el resto de sus matices. De aquí podríamos saltar fácilmente hasta el estreno de la serie, pero quiero dejar en claro que la primera adaptación en movimiento que vi de Sherlock Holmes (dejando de lado Detective Conan porque no cuenta) fue la primera película de Guy Ritchie, cuyo título es el mismo nombre del personaje.


El largometraje en cuestión es un excelente derroche de entretenimiento bestial y palomero hasta decir basta y me divertí bastante viéndolo en el cine. Y de paso vale la pena señalar que Robert Downey Jr. y Jude Law imprimen su sello en cada escena, y la camaderia que se respira a lo largo de todo el film es lo que lo vuelve tan entretenido. Quizá fue mi perspectiva —o tal vez mi poca familiaridad con los personaje no permitió percatarme de ciertos detalles— pero no encontré demasiados vestigios de Sherlock Holmes o de John Watson en la película porque el frenesí de la aventura y la acción lo eclipsaba todo, aunque realmente no le di demasiada importancia tomando en cuenta que me divertí como una enana. Además, gracias a ese film me di a la tarea de inmiscuirme de nueva cuenta en el mundo creado por Doyle y entre los espacios de horas libres que tenía en la escuela de Biología me colaba en la biblioteca de la universidad para leer por primera vez Estudio en escarlata y por segunda vez El sabueso de los Baskerville, además de un par de casos incluidos en Las Aventuras de Sherlock Holmes. Aquello fue en el año 2009. De hecho, antes que la serie de la BBC fuera estrenada un año después, tuve la oportunidad de ver un par de episodios de aquel mítico programa de Estudios Granada protagonizado por Jeremy Brett y David Burke, que si mal no recuerdo, incluían los episodios Escándalo en Bohemia y El carbunclo azul, además de la película El secreto de la Pirámide.

Después llegó Twitter (septiembre del 2009) y después llegó Sherlock (julio del 2012).

Tengo ese orden muy metido en la cabeza porque era domingo, temporada vacacional, estaba lloviendo y tenía el aburrimiento enmarcado en la cara, además de una flojera bestial para usar Twitter, sin embargo empezaban a desfilar por mi timeline las primeras impresiones que la gente estaba teniendo del episodio estreno en ese momento. Desconozco totalmente por dónde seguían la trasmisión en vivo, o si para aquel entonces ya contaban con medios para descarga el episodio y disfrutarlo con tranquilidad, pero entre el inglés y el español y tweet incongruentes de usuarios que parecía bastante emocionados por la nueva serie, me hicieron volver a sonreír frente a la pantalla y recordar aquella experiencia del año pasado, cuando los rumores eran sólo eso, rumores, y la idea de traer al siglo XXI a un personaje tan clásico no me parecía nada bueno. 

Tuvieron que pasar dos años más para que me atreviera a ver Sherlock a insistencias, no sólo de mi hermana @cmurua y @afhyer, sino también de otros usuarios en Twitter que estaban bastante convencidos de que era una de las mejores series que había parido la BBC en todos sus años de existencia y esas, para mí, eran palabras mayores. La serie la tenía ahí, guardada en el disco duro de mi laptop durante meses esperando el momento justo para ponerme a verla, y aquello ocurrió en febrero del 2012. Parte de mi decisión para visionarla lo antes posible fue porque un mes antes había terminado la segunda serie y sólo veía yo que por todos lados llovían dos cosas sobre el último episodio: elogios y llantos.

Y aquello fue mi perdición.  


Recuerdo que antes de poner play al reproductor y acercarme el tazón de palomitas y el vaso de refresco me pregunté cuántos minutos tendrían que pasar para enamorarme del programa, si es que eso sucedía. Y, ehm, digamos que Sherlock rompió todos los récords.

Al ser una miniserie, las temporadas de Sherlock son bastante cortas; cuentan con sólo tres episodios semanales de 90 minutos de duración. En lugar de episodios parecen películas, pero a la larga resultan mucho más consecuentes y productivos. Eso sí, entre temporada y temporada pasa bastante tiempo. De la primera a la segunda hubo un lapso de quince meses y de la segunda a la tercera la espera se alargó dos años. Tomando en cuenta la enorme cantidad de proyectos que le han caído tanto a Benedict Cumberbatch (Sherlock Holmes) como a Martin Freman (John Watson) es totalmente comprensible la espera. El problema es cuando la serie se caracteriza precisamente por los finales cardiacos de los últimos episodios, sin embargo también es verdad que son esos instantes antes de que el telón baje lo que mantiene al fandom lo suficientemente activo y vivo hasta que la nueva temporada hace aparición.

La primera temporada (Serie 1) de Sherlock consistió en los episodios A Study in Pink, The Blind Banker y The Great Game, basados a su vez en las historias de Conan Doyle: Estudio en Escarlata, El valle del Terror y Los planos del Bruce-Partington respectivamente, pero adaptados libremente. La segunda temporada por otro lado contó con los episodios A Scandal In Belgravia, The Hounds of Baskerville y The Reichenbach Fall basadas a su vez en Escándalo en Bohemia, El Sabueso de los Baskerville y El Problema Final. Finalmente la tercera temporada contará con The Empty Hearse, The Sign of Three y His Last Vow basados en La Casa Vacía, El Signo de los Cuatro y Su Última Reverencia.


Curiosamente semanas atrás me he topado con la transcripción de un discurso que Mark Gatiss (co-creador de Sherlock junto con Steven Moffat) dio a la Sociedad de Sherlock Holmes de Londres en el año 2006 donde hablaba de una conversación que tuvo con Moffat sobre lo fantástico que sería hacer una adaptación del famoso detective victoriano para las nuevas generaciones. La idea se antojaba atrayente, pues los tiempos y las circunstancias se prestaban para ello, empezando por el leve hecho de que Reino Unido tenía ya un par de años mandando soldados a Afganistán en una guerra mucho más cruenta que aquella donde el doctor John Watson de Doyle prestó servicio. Es sólo un pensamiento, un principio, señala Gatiss en el discurso, pero la idea ya estaba ahí. Yo supe de esta conversación varios meses atrás. En todas aquellas entrevistas donde el dúo aparece generalmente sale a relucir ese viaje de tren que ambos compartieron en el que hablaron largo y tendido sobre la idea de crear a un Holmes moderno; sin embargo, nunca pensé que Gatiss lo había expresado en público. El resultado que vemos, después de tantos años, es por lo tanto maravilloso; sobre todo por el respeto con el que el personaje fue tratado.

Antes de ver la serie por primera vez ya me había culturizado de Holmes de nueva cuenta. Historias cortas como Las cincos semillas de naranja, La banda de lunares, La finca de Copper Beeches o La liga de los Pelirrojos, habían pasado por mis ojos en más de una ocasión. Recuerdo incluso haber leído Estudio en Escarlata por segunda vez un día antes de ver A Study in Pink. Extraordinaria decisión.

Sherlock está a millas de distancia de cualquier escrito de Conan Doyle. No es que sea mejor o peor, es sencillamente que los parámetros para que ambos materiales sean medidos ni siquiera coinciden; pero eso sí, por cada diferencia que el show ha hecho a la obra del autor existe otra similitud que lo mantiene a raya para ser capaz de distinguir a cada personaje con una certeza agradable, y los detalles y guiños se cuelan entre escena y escena como un hermoso homenaje.

En las semanas siguientes —y aprovechando el inminente estreno de la tercera temporada— he decidido hacer un análisis de cada uno de esos nueve episodios, tres de ellos aun sin trasmitir; probablemente el trabajo me llevará meses y estoy seriamente pensando en crear una sección arriba exclusivamente de la serie, porque si no saco todo el hype que tengo metido en la cabeza probablemente explosionaré y no podré recuperarme en mucho tiempo. ;)

Así que aquí empecemos, 24 horas antes de la trasmisión de The Empty Hearse en Reino Unido.

THE GAME IS BACK ON!

27 dic. 2013

¿Ya se acabó el año?

Foto totalmente random.
Ehm, ¿alguien vive? ¿Saben qué es lo que me apetece? Lanzarle una patada giratoria a los escasos días que quedan del 2013 y pasar por completo de un año que, a mi parecer, ha sido muy bonito y todo lo que ustedes quieran pero al que ya tengo odiado hasta la coronilla :D (No me pregunten cómo puede ser eso posible porque no me interesa saberlo).

Estos últimos días he puesto en prácticas todos mis recursos de paciencia eterna y control infinito para poder atender con la mayor neutralidad posible a decenas y decenas de clientes hambrientos que llegan al trabajo todos los días. Es una labor titánica para una persona normal y una misión imposible para alguien como yo, así que estoy a punto de tener un colapso mental muy fuerte y sólo de pensar que probablemente no tendré tampoco descanso la primera semana de enero como que me deprime lo suficiente como para no querer saber nada de la sociedad por un mes entero.

Dejemos eso de lado y enfoquémonos en aquello que aun mantiene mi cordura a raya y el optimismo a tope: Me he comprado un nuevo teléfono celular con sistema operativo Android y fue así como amor a primera vista. Ahora puedo navegar por Internet con un poco de dignidad y usar Twitter e Instagram sin que las apps fallen. La cámara del móvil es un asco del tamaño de un vómito de mi perrita pero tampoco pido más. Pueden acceder a mis fotos de Instagram por aquí si les apetece llorar un poquito por la calidad de todas ellas. He decidido no instalar Facebook porque personalmente no lo uso mucho y la aplicación pesa una bestialidad muy grosera y ofensiva. He recibido ropa por parte de mis padres, un paquete de Lunetas, una camisa oficial de Doctor Who (¡MIL GRACIAS, ISKRA!) y mi hermana y Sarai me han regalado una una taza negra con pintura termocrómica de Sherlock (próximamente foto y tal).

Y hablando de Sherlock creo que vale la pena señalar que el proyecto que mencioné en Facebook sigue en pie, sólo que no serán sólo DOS POST porque a los 20 minutos del primer episodio de la serie me di cuenta que ya llevaba 22 páginas de Word y ni siquiera me adentraba totalmente a la trama. Así que decidí escribir un post por episodio y estoy tan ocupada en este momento que probablemente lo retomaré cuando la cuesta de enero comience y mi mente esté más despejada. De hecho, probablemente será después de que la Serie 3 concluya (el domingo 12).

Y me despido. En verdad dudo que vuelva a escribir algo aquí en lo que queda del año así que espero que se la pasen bonito y con menos estrés del que yo tengo encima. ;) 

30 nov. 2013

Aclaremos algo chiquito...

Mientras tanto, en Escuinapa.
Mi papá ha leído por error un post en borrador que tengo en mi blog desde hace poco más de siete años. Es más bien una carta de despedida y está dedicada a toda mi familia. Él la ha confundido con una carta de suicidio, y lo entiendo, ¿eh? Jojojojo. Porque si me pongo a revisarla (hace muchísimos meses que no la leo), ahora entiendo tanto dramatismo que podría montarse si alguien ajeno al trasfondo de ese escrito lo leyera.

Siempre he creído que moriría joven, es una constante que he tenido desde niña. Así que mi vida se mueve al compás de semanas o meses; por lo que no voy por la vida haciendo planes a largo plazo que impliquen años o décadas. Nunca lo he hecho, porque siempre he sentido que no estaré ahí para cumplirlos. Tampoco le tengo miedo a la muerte, aunque para el consuelo de mi padre, debo decirle que el suicidio me aterra y jamás recurriría a él como vía de escape porque soy una cobarde sinvergüenza y etcétera, así que don’t worry. xD

Cuando tenía seis o siete años de edad aprendí a leer y con ello llegaron mis primeros libros, que consistieron en dos diccionarios médicos familiares. Para aquel entonces yo era un monumento viviente a la hipocóndrica, así que leyéndolos me enteré que me estaba muriendo de dos enfermedades particulares: SIDA y cáncer. Sí, tenía las dos enfermedades, podía jurarlo por todos mis ancestros vivos y muertos, y la prueba irrefutable de ello era que se me estaba cayendo el cabello y obviamente ese era un síntoma de ambos males a juzgar por las fotografías de las personas enfermas que había ahí, así que esos tres pelos que se me caían al día no podían significar otra cosa. Me estaba muriendo. Jamás se lo dije a mis padres, y hasta me decepcioné un poco cuando pasaron los meses y no me morí. Tiempo después supe que la perdida de cabello es debido a los medicamentos, la quimioterapia y la radiación y blah, blah, blah y descubrí que existían enfermedades más horrorosas que esas y tal, sin embargo el daño ya estaba hecho y siempre me estoy muriendo de algo (mentalmente).

Con el paso del tiempo, el temor a la muerte se fue y por suerte aprendí que la vida no son nuestros planes a largo plazo sino las cosas que hacemos todos los días, la rutina diaria, el atardecer, tu mascota meneando la cola cuando llegas a casa, etcétera. Aprecio la vida rutinaria como muy pocas personas lo hacen, de verdad. Estoy muy agradecida con ella en general. Sin embargo, tantos años de temer morir inminentemente me ha dado la oportunidad de no dar nada por sentado, de saber que en el México que vivimos podemos morir ahí afuera en un fuego cruzado, o por un carro en alta velocidad que nos arrolle por la calle o por un infarto, etcétera. No necesariamente por una enfermedad, o por un suicidio.

He tenido baja autoestima toda la vida, he sufrido bullying, tengo un problema psicológico que me impide lidiar con la gente y soy asocial a niveles que muy pocos comprenden, pero eso ha estado ahí TODO EL TIEMPO, he aprendido a lidiar con ello. Hace muchísimo soles que eso dejó de deprimirme. Hace tantos atardeceres que estoy consciente que hoy estoy aquí y mañana tal vez no ¿y saben qué? No me molesta. Tarde o temprano todos moriremos. Algunos tendremos tiempo de despedirnos y otros no.

Es aquí donde quiero llegar, a este punto. Como tuve miedo a morir durante la mayor parte de mi vida (hasta hace como cinco años que dejó de importarme el tema xD), también tuve miedo de no poder hacer algo para despedirme de aquellos a los que amaba así que escribí una carta de despedida en mi diario físico —esa cosita tierna que guardaba bajo el colchón— para que mi familia lo encontrara cuando muriera y entonces pudieran saber unas últimas palabras de mi. Con el paso del tiempo, creé un blog y creí más adecuado y con más estilo traspasar aquella carta a una versión digital. Mientras yo estuviera viva ese post jamás sería publicado, pues reprogramaría su publicación para dos meses después de mi última actualización. Así ha sido desde entonces.

Desde hace ya siete años aquella carta existe, ustedes no pueden leerla porque sigo viva, pero actualmente está programada para que se publique el segundo mes del 2014. Siempre he dejado una distancia de dos meses. Si para aquel entonces sigo viva la volveré a programar para abril del mismo año y así sucesivamente hasta que un día no esté ahí para postergar su publicación y entonces sí podrán leerla. Qué dramático, ¿verdad? Sí, voy por la vida haciéndome la dramática. De eso vivo. :D

Pero lo que sí tengo que confesar es que NO ES UNA CARTA DE SUICIDIO, es una carta de despedida, que obviamente no es lo mismo. En ella me despido de todo y de todos y expreso mis miedos respecto al momento de partir y todas esas cosas que uno no puede hacer cuando se muere. Lo que sí tengo que confesar es que estoy a favor de la eutanasia en casos muy específicos de dolor crónico e insoportable por enfermedades terminales o degenerativas. Porque eso sí, el dolor no va conmigo ni encomendándoselo a Jesús de Nazareth; de verdad. Pero dudo que sea legal en México en las próximas décadas.

El tema del suicidio es un tema complicadísimo y fuerte, y jamás les provocaría a mi familia un daño tan grande como el que provoca este acto. Hemos vivido un suicidio en la familia; pienso en él todos los días, rememoro con dolor todo el proceso que implica el saberse conocedor de una noticia en la que sabes que un familiar tuyo a decidido quitarse la vida sin decirte por qué. Me tiemblan las piernas y las manos sólo de recordar el instante en el que me enteré de esa noticia y no. Jamás pensaría en eso como una válvula de escape contra la depresión o algo parecido.

Por lo pronto, la carta seguirá ahí, guardada en la sección de borradores, esperando paciente a que yo me muera para asomarse por un rincón de este paraíso desierto. Ahí se quedarán con las ganas de leerlo, o pregúntenle a mi papá de qué va todo eso para que les escupa algún spoiler. :D [Sería un fallo mega épico que Blogger dejara de existir de repente y esa carta se perdiera en el divino olvido, eh xD]. 

Por cierto, olvidé mencionarlo en esa carta, pero en mi funeral quiero que den chorizo con frijoles puercos de comida y de postre un Gansito congelado con chocolate abuelita caliente. Al que no le guste que se vaya a otro velorio. xD

28 nov. 2013

¿Aquí debo de poner algo inteligente?

#r3spects #sherlocklives
Está haciendo frío y no me lo creo. Quizá eso contrarresta un poquito el dolor que me provocó saber de la muerte del comandante Titán y la aparente desintegración del cometa ISON, todo el mismo día. Porque sí, al parecer está de moda que las cosas se carguen, se desintegren y mueran el mismo día. Y saben qué, estoy de acuerdo con eso.

Viene la víspera navideña y yo sólo espero que The Killers saque su tema navideño de este año para desempolvar el pinito, buscar las esferas y montar el espectáculo de las vísperas pasadas que incluye la tragicomedia típica y de cajón que implica llorar en un valle de lágrimas por todas esas lucecitas que a) no encienden y b) no se pueden desenredar, y maldecir en silencio a la madre que parió la paganidad de poner un abeto dentro de cada casa con decoración y cuyo significado nunca me he dignado en entender. Todo sabemos que el pino navideño sirve para poner regalos a su alrededor y tomar fotos bonitas en Noche Buena; aunque en esas fechas el árbol nuestro estará tan cargado de polvo que a cada visitante que llegue le diré que está así porque aquí celebramos la Navidad a la afgana, con tormenta de arena incluida.

Por una extraña razón que aún no logro explicar he terminado escuchando a Bruce Springsteen, mientras meneo una taza de café con mi mano izquierda, escribo con la derecha y espero paciente a que llegue la hora pico en Londres para ver pasar ¿una carroza fúnebre? por el centro de la ciudad y saber algo nuevo sobre la tercera temporada de Sherlock (BBC), y al mismo tiempo trato de cuestionarme si aún existe algo de cordura dentro de mí. Probablemente no. ¿Saben lo que yo necesito? Necesito una FECHA EXACTA para el estreno de la tercera temporada y así llenarme de la adrenalina suficiente como para poder sobrevivir esta temporada navideña de no-vacaciones y muchos vacacionistas en el trabajo. En serio, sólo necesito la fecha para saciarme del estímulo suficiente que me lleve al impulso de decorar arbolitos navideños y sonreírle a la gente de manera gratuita durante un mes entero sin sentir que por dentro me estoy quemando en aceite hirviendo. Mientras eso sucede trato de matar el tiempo de la forma más bestial y poco productiva del mundo (como actualizando este blog, por ejemplo). 

Alguien me preguntó hace días qué era lo que quería para navidad. No mucho, la verdad. Quizá el libro Orgullo y Prejuicio de Jane Austen o la versión en español de American Gods de Neil Gaiman. Y la tercera temporada de Sherlock, claro, pero esa corre por mi cuenta (bueno, en realidad corre por la cuenta de la BBC pero…).

Por otro lado el resto de la series de televisión que sigo se han ido a dar un descanso decembrino y yo las maldigo un poquito a todas. Por una parte está bien, que con tanto hype a tope no hubiera podido aprovecharlas así que sólo por eso las perdono.

Creo que ya mejor dejo de delirar y me voy a seguir esperando. Mirando a Londres y sus calles. Como el Gran Hermano en 1984. O Mycroft Holmes en el siglo XXI. :)

EDIT: ASDSJFKDLKFLDKLD, 01 DE ENERO DEL 2014. 

He tratado de seguir la fuente original de la imagen pero no la encuentro,
así que créditos para su autor, quien quiera que sea xD.
Nunca en la vida he deseado que la Navidad pase tan rápido, ¿eh? :D

Fechas de emisión de los episodios de la tercera temporada:

1) The Empty Hearse — Miércoles, 01 de enero del 2014
2) The Sing of Three — Domingo, 05 de enero del 2014
3) The Last Vow — Domingo, 12 de enero del 2014

Después de esas fechas puedo morir con tranquilidad, se puede desatar el apocalípsis, descender Jesucristo de los cielos o estallar la Tercera Guerra Mundial, antes de eso, nop... Creo que necesito una TARDIS.

20 nov. 2013

Opinión: Firefly (TV)


Vale, hace una semana terminé el segundo visionado de Firefly y me prometí a mi misma que escribiría mi opinión sobre la serie en plan neutral y sin fangirlismo de por medio, pero ¿saben qué? No puedo. Llevo siete días intentando crear un artículo perfecto e imparcial y a estas alturas ya asimilé que no lo conseguiré, sobre todo porque el amor por el show y sus protagonistas me supera. Así que partir de aquí escribiré lo que me nace de las entrañas. Al final me quedará algo igual de cursi que el artículo que hice de Les Misérables meses atrás, así que sobre aviso no hay engaño, ¿eh? :)
¡Sin spoilers relevantes! :D

La primera vez que leí algo sobre Firefly fue en el año 2006, cuando descubrí el blog Microsiervos y el post más reciente que tenía era precisamente la letra de la canción introductoria de la serie. Para aquel entonces Firefly llevaba dos años cancelada e incluso contaba ya con una película. La serie creada por Joss Whedon (creador de Buffy, la cazavampiros y tiempo después director de The Avengers) comenzó a trasmitirse el 20 septiembre del 2002 y fue cancelada por 20th Century Fox Television cuatro meses después, alegando bajos niveles de rating y falta de presupuesto para continuar financiando su producción. Lo cierto es que la serie nunca tuvo tiempo de brillar porque los responsables de transmitirla jamás se lo permitieron. Firefly fue como el hijo no deseado de la compañía, ese al que jamás quisieron ni les apetecía mantener vivo. Maltrataron al show hasta que se cansaron: fue trasmitido en un día y en un horario mediocre; algunos de sus episodios fueron omitidos (incluyendo el Piloto) y otros tantos fueron mostrados en desorden. La fórmula perfecta para el caos y la confusión. Los altos ejecutivos de la FOX nunca entendieron la esencia del programa y al parecer jamás quisieron entenderla, así que prefirieron botarla y lanzarla a lo más recóndito del divino olvido… Pero ya era demasiado tarde para olvidarla. Once episodios bastaron para que nunca fuera olvidada. Para cuando la serie fue cancelada ya contaba con 4.7 millones de telespectadores; una cifra malísima comparada con otras producciones del momento, pero lo suficientemente fuerte para ser recordada; porque, por suerte, Firefly contó desde el principio con uno de los fandoms más sólidos y memorables que yo recuerde en la vida. Los originales Browncoats nacieron ahí, en el pésimo horario semanal que Fox les había asignado los viernes por la noche.

Donde nadie veía nada, ellos vieron todo.

Fue así, con esa unidad invisible y creciente en el naciente mundo de la World Wide Web, entre foros anticuados y páginas ya obsoletas, donde lograron que la breve luz de Firefly jamás dejara de brillar. Consiguieron que un año después fueran trasmitidos los episodios omitidos y que el éxito de ventas de los DVD’s de la serie fuera esperanzador. Todo fue de boca en boca, a golpe de teclas y de palabras. Su insistencia y su perseverancia fue tan grande que sólo un par de años después hicieron lo imposible: Universal Pictures les otorgó el presupuesto para una película estrenada en el 2005, llamada Serenity. Para ese entonces Firefly ya ostentaba la categoría de serie de culto; presente para siempre en convenciones y en la mente colectiva de los amantes de la ciencia ficción.

Aun hoy, 11 años después de su primera trasmisión, Firefly sigue volando. 

UN POCO DE TRASFONDO


"No somos ladrones... Bueno, sí somos ladrones"
El show entero en dos gif.
La historia nos sitúa cinco siglos en el futuro, en el año 2517; mucho tiempo después de que el ser humano agotara todos los recursos del planeta que lo vio nacer hasta convertirlo en un agónico terreno incompatible para la vida. En esta distopía futurista creada por Whedon los hombres colonizaron un nuevo sistema estelar cuyos planetas y lunas eran parecidos o trasformados a la Tierra-que-una-vez-fue, y se establecieron en ellos acarreando consigo los mismos problemas sociopolíticos, económicos y raciales que tanto imperaron en su antiguo hogar.

Al abandonar la Tierra los países desaparecieron con ella, siendo únicamente dos potencias mundiales las que lograron absorber a todas las demás: Estados Unidos y China. Es por esa razón que los idiomas que imperan a lo largo de todo el Universo son el inglés y el mandarín, (éste último utilizado por los angloparlantes generalmente para proferir algún insulto). Las dos superpotencias se fusionaron para crear un gobierno federal central al que se conoció como Alianza, surgida de la unión de todos los planetas y lunas habitados por el ser humano. Sin embargo, hubo resistencia; sobre todo por los planetas de la periferia —los más pobres y escasamente terraformados— quienes preferían permanecer independientes. La obstinación de estas personas y los constantes roces con los partidarios de la Unificación fueron detonantes para una guerra civil cuya victoria aplastante recayó en el gobierno federal. Mientras que los planetas centrales gozan de tecnología de punta y estilo futurista, los planetas de la periferia no se les otorgaron tantos recursos y quedaron secos y desérticos, muy parecido al lejano oeste americano.

Ese es, superficialmente hablando, el trasfondo histórico donde se desarrolla la serie. 

EL PILOTO NO TRASMITIDO: Serenity
 (o lo que no se vio porque la FOX no quiso).
Uno de los errores más terribles que la FOX pudo cometer fue la decisión de no trasmitir el episodio piloto, titulado Serenity y cuya duración era de 90 minutos. En su lugar, pidieron que se filmara otro episodio que sirviera como introducción a la serie; uno donde mostraran el formato que se vería semana a semana. Fue así como The Train Job (Ep.02) se convirtió en el sustituto de Serenity (Ep.01). ¿Cuál fue el resultado de todo eso? Confusión. Mucha confusión. Joss Whedon y Tim Minear hicieron una labor titánica al escribirlo en tiempo récord pero, a pesar del esfuerzo dado, The Train Job no sirve como capítulo introductorio. Los prófugos ya eran prófugos y la gente no sabía por qué. El capitán de la nave era un renegado y el público no entendía sus razones. Los protagonistas estaban ahí pero… ¿quiénes eran? No lo sabían ni lo entendían porque todo eso ya lo habían explicado en el episodio que no fue emitido. La FOX quería acción, trama, carisma; hombres más fuertes y mujeres más débiles. Si no encontraban esos factores en Firefly la serie tenía sus días contados.

Por otro lado, Serenity sí es un buen episodio piloto y quizá una de las mejores introducciones que he visto para una serie de televisión. Vale, sí, es verdad, dura lo mismo que una película, pero su duración es justificable por la cantidad de datos que aporta, no sólo a la trama general, sino al trasfondo de los personajes, y eso es algo que The Train Job no hace.

El comienzo de este episodio nos lleva de la mano a los últimos instantes de la Guerra de Unificación, cuando soldados de ambos bandos fueron abandonados en las montañas de Serenity Valley, en el planeta Hera, mientras los involucrados y sus altos mandos se iban a negociar la paz. Es aquí donde nos presentan a Malcolm Reynolds y Zoë Alleyne, dos de los nueve protagonistas de la serie. Mal era un ingenuo sargento idealista, sin entrenamiento militar, que se presentó como voluntario cuando la guerra civil fue declarada. Con su impulsividad y jovialidad logró mantener a flote a un ejército independentista que se disolvía y aminoraba a una velocidad alarmante. Embriagado por el optimismo y la adrenalina mantuvo la fe hasta el último instante de la lucha (incluso en algún punto se le ve besando un crucifijo). A pesar de su bajo rango, terminó comandando a más de 2,000 hombres cuando sus superiores comenzaron a morir por culpa de las heridas de combate y la nula asistencia médica que recibían. Zoë, a diferencia de Mal, sí recibió entrenamiento militar. Ella se nos presenta como una mujer fuerte, dura, inquebrantable, sólida y realista; muy lejos de la inocencia y los sueños del joven sargento.

Es aquí es donde termina la introducción de la serie, en el mismo instante en el que Malcolm Reynolds se da cuenta que el ejército por el que luchó los está abandonando. Sin embargo, existen dos escenas eliminadas del piloto, las cuales aportan información valiosa, porque ambas lo involucran a él. La primera ocurre cuando son rescatados: mientras Zoë exclama un espontáneo «Gracias a Dios»  Mal —el casaca marrón  decepcionado hasta de él mismo— ironiza con la situación: «¿Dios? ¿Qué color está vistiendo?». La otra ocurre muchos años después, cuando Zoë le explica a uno de los nuevos tripulantes de la nave cuáles fueron las cosas que Malcolm Reynolds dejó atrás durante los días finales de la guerra.

El abandono que sufrieron en Serenity Valley duró solamente una semana, pero el resultado fue aplastante y devastador: de los miles de soldados independentistas que quedaron ahí sólo sobrevivieron poco más de una centena; el resto murió a causa del hambre y su deficiente salud. Zoë Alleyne fue la única integrante del pelotón original de Malcolm Reynolds que sobrevivió; el resto de sus compañeros yacían muertos a escasos metros de donde ellos se encontraban cuando las unidades de rescate aparecieron de nuevo en el cielo varios días después. Una semana fue suficiente para que ese joven soldado perdiera la fe en todo lo que alguna vez creyó; fue ahí, a las orillas de aquel valle del planeta Hera donde dejó todo rastro de esperanza que alguna vez pudo albergar.

LOS PROTAGONISTAS: son muchos pero no tantos.
Sí, son nueve protagonistas. Parecen muchos, ¡pero no lo son! En el momento mismo en el que pasan de ser tripulantes a ser una familia (más o menos dos episodios) dejan de ser demasiados y se convierten en una unidad; sólida y resistente. Inquebrantable y perfectamente identificable.

Malcolm Reynolds (Nathan Fillion): Sargento voluntario del ejército de los planetas independientes en la época de la Guerra de Unificación; capitán de Serenity en los tiempos de la Alianza. Un casaca marrón (browncoat) de corazón que hace muchos soles abandonó el brillo de ingenuidad que le cubría siempre el rostro. Resulta que el protagonista principal de Firefly es un amargado perdedor. Sí, así tal cual lo leen. No es un héroe, está lejísimos de serlo, y quizá sea eso lo que lo hace tan especial. Mal ya no quiere cambiar el Universo, ya no le interesa pelear en ninguna guerra, ahora se conforma con pequeñísimas victorias, esas que ocurren cada vez que termina una misión sin que la Alianza esté tras sus pasos. Eso tampoco evita que de vez en cuando recuerde los tiempos en que era otro, muy otro. Es muy sabido que el Día de la Unificación (o Día-U), suele frecuentar bares de bajo perfil donde termina enfundado en peleas que él mismo provoca por el simple color de su abrigo o la aparente indiferencia que muestra a la hora de brindar en nombre de la Alianza. Además, da consejos muy sabios, como este:


"Si alguien trata de matarte, tú trata de matarlo de regreso". 
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Zoë Alleyne (Gina Torres): La otra cara de la moneda de Mal; al igual que él siempre lleva alguna vestimenta marrón haciendo referencia al color del bando al que pertenecieron. Ella ostentaba el rango de cabo durante la guerra y estuvo a las órdenes de Mal durante todo ese tiempo, desde entonces entablaron una amistad sólida, profesional e incuestionable. Ella lo llama señor o capitán y lo trata siempre de usted; remembrando aquella época en que pelearon lado a lado. Suele ser ella la que siempre lo acompaña en sus misiones. Es una mujer fuerte, valiente, con decisión propia, que sin embargo, suele aceptar cada una de las decisiones que el capitán toma y raramente lo cuestiona. Está casada con Hoban Washburne.

Hoban Washburne (Alan Tudyk): El piloto de Serenity. Éste tipo abordó la nave con una camisa hawaiana y un bigote en la cara que Zoë encontró bastante perturbador. Lo que sucedió entre ese momento y el tiempo que nos presentan en Firefly es un completo misterio, pero el caso es que ambos terminaron, no sólo juntos, sino felizmente casados; formando uno de los matrimonios más sólidos de toda la galaxia. Bueno, de vez en cuando Wash se pone celoso, sobre todo cuando ve a Zoë siguiendo las órdenes de Mal sin reprocharle nada, pero tales celos son perfectamente justificables: Zoë y Mal comparten un pasado que incluso el piloto desconoce en su totalidad y eso le molesta un poco, aunque ese detalle jamás pasa a mayores. De hecho, hay un episodio en concreto done vemos que tal molestia desaparece, porque, mitad en broma, mitad en serio (lo estaba torturando cuando lo dijo) le dice a Mal que esa tensión entre él y su esposa no existiría si alguna vez hubieran dormido juntos. Y cuando Mal regresa a la nave sucede esto para despejar todas las dudas de Wash sobre ambos:  


No están actuando, así son de patéticos.
Dejando eso de lado, existen dos pequeñas cosas que es imposible pasar de largo: 1) adora pilotear a Serenity y 2) le fascina jugar con dinosaurios. Varios de ellos descansan sobre el tablero de la cabina junto con sus palmeritas y todo. El tipo es un amor, en serio. Hasta yo me casaría con él.   

Kaywinnet Lee Frye (Jewel Staite): Kaylee es mecánica, ¿vale? No, no estudió para eso, sus conocimientos sobre ese mundo son meramente empíricos; probablemente los aprendió de su padre pero no es un dato muy seguro. Le gustan las fresas, el color rosa y los vestidos pomposos; en serio, es la alegría andante. Es como la hermanita cursi, tierna, e incluso inocente, que todos quisiéramos tener. De hecho Inara y Mal se refieren a ella como Xiao Mei Mei, (pequeña hermana, en mandarín) y suelen utilizar su nombre como pretexto cuando quieren ocultar sus propios sentimientos. Además, conoce a Serenity de palmo a palmo, y la felicita cuando la nave hace algo extraordinario, lo que le añade mil puntos a su favor. Está muy enamorada del doctor Simon Tam.

Jayne Cobb (Adam Baldwin): Un ladrón, FIN. ¿Qué más podríamos decir de él? Bueno, se podrían decir miles de cosas pero qué demonios, no hay nada como ver la serie y descubrirlo por cuenta propia. Quizá vale la pena señalar que abandonó a sus colegas ladrones porque en Serenity le ofrecían una habitación no-compartida y un sueldo respetable. Y no está de más mencionar que es considerado un héroe en el pueblo de Canton, por un suceso mal interpretado que dio como resultado un hecho heroico jamás ocurrido. De verdad, el tipo tiene una estatua y una canción contando su hazaña (uno de los momentos más graciosos de la serie xD).

Inara Serra (Morena Baccarin): La princesa Leia de nuestro Han Solo. Ella es una especie de cortesana, acompañante o geisha, aunque a Mal no le tembló la voz cuando la presentó como prostituta. Por cierto, existe algo raro en el ambiente cuando estos dos aparecen en el mismo frame, lo juro. De repente se siente una vibra extraña cuando se miran, se hablan, o caminan juntos sin hacer nada, e incluso cuando se pelean, ¿saben cómo se le llama a eso? TENSIÓN SEXUAL NO RESUELTA. Lo suyo es ilegal y estoy hablando en serio. Resulta curioso, porque ambos vienen de dos mundos distintos (y no lo estoy diciendo literalmente, aunque también eso es verdad). Él peleó con los independentistas y ella siempre apoyó a la Alianza. Así que por un lado tenemos a Inara, que estudió en una escuela de cortesanas del gobierno, un lugar donde a las mujeres que ingresan se les instruye en diversos artes y técnicas, entre ellas el de la sexualidad. Y luego tenemos a Mal, de la periferia, quien tiene una visión sobre el sexo muy distinta a la de la Alianza —y por lo tanto a la de Inara—; una idea más purista y conservadora. La razón por la que ella viaja en Serenity (renta uno de los dos lanzadores de la nave) es porque resulta mucho más accesible conseguir trabajo o aterrizar en ciertos planetas cuando tienes a una cortesana entre tus tripulantes, sobre todo en los planetas centrales. El punto aquí es que Mal respeta muchísimo a Inara (aunque a veces se comporte como un imbécil de proporciones épicas), pero desprecia su trabajo. No soporta que alguien la ofenda e incluso se batió en duelo a muerte cuando un hombre que la contrató la insultó. Se aman, ¿vale? El problema aquí es que ninguno de los dos lo dice jamás y quizá eso sea lo que más me enerva la sangre. Vamos, incluso el resto de la tripulación se decepciona de su actitud tan cobarde. Sólo mírenlos cuando estaban stalkeando una de sus videollamadas y ninguno de los dos admite que se extrañan:

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Derrial Book (Ron Glass): La historia de Derrial Book es todo un misterio (en realidad no lo es, hay un cómic para que sepas qué ha sido de su vida y cuál es su verdadero nombre). Se sube a la nave siendo un reverendo con una biblia en la mano, rodeado de personas que en su mayoría apoyaron al bando independentista, sin embargo la Alianza le abre las puertas de sus instalaciones con sólo mostrar su identificación. Es posiblemente el personaje más críptico después del capitán, además de ser la conciencia moral del grupo, junto con Inara, que no es cristiana pero sí budista.

Simon (Sean Maher) y River Tam (Summer Glau): Son hermanos. Y probablemente sean los hermanos más awesome y tiernos del universo, sobre todo por sus imperfecciones. Provienen de una familia acomodada simpatizante de la Alianza y ambos tienen una inteligencia aplastante. Cuando Simon estaba estudiando medicina River ingresó a un internado del gobierno donde empezaron a experimentar en secreto con ella. A raíz de una serie de cartas incongruentes que River mandó a sus padres, su hermano se dio cuenta que algo malo le estaba pasando y decidió ir a buscarla. Abandonó su prometedora carrera de medicina y se infiltró en las instalaciones del gobierno para salvar a su única hermana, a quien encontró muy débil y trastornada. Simon abordó Serenity junto con River en estado de hibernación y desde entonces se convirtieron en parte del equipo. Simon está enamorado de Kaylee pero le resulta muy difícil decírselo al muy babotas, y River es la autora de frases tan profundas como “I can kill you with my brain” (Puedo matarte con mi cerebro) y “My food it’s problematic” (Mi comida es problemática). En una ocasión Jayne intenta entregarlos a la Alianza a cambio de una cuantiosa recompensa, pero Mal le da una lección que el ladrón jamás olvidaría, MOMENTAZO FINAL ÉPICO (Ariel, Ep. 09).

Serenity: Es la nave de transporte clase Firefly que Malcolm Reynolds adquirió poco tiempo después que la Guerra de Unificación terminó. La encontró en un basurón de naves descompuestas en el planeta Hera y la bautizó con ese nombre en honor a la batalla perdida de Serenity Valley. La he puesto en esa sección porque la considero una verdadera protagonista de la serie; la número diez. No habla, pero lo que representa para sus nueve tripulantes es mil veces más valioso que una voz: es un hogar.

The Ballad of Serenity 
& Out of Gas.
Existen dos cosas en particular que me hicieron quedarme perdidamente enamorada de Firefly: su canción de apertura y su octavo episodio.

Pero vayamos por partes, The Ballad of Serenity fue escrita por el mismo Joss Whedon e interpretada por el icónico cantante de blues Sonny Rhodes. Es una joya sencilla con tintes de música country que, en menos de un minuto, logra captar de una manera maravillosa la esencia del programa. La canción podría hablar de cualquier protagonista pero mentiríamos si dijéramos que no está cantada desde el punto de vista exclusivo de Malcolm Reynolds. 



Es más bien una declaración de principios, un manifiesto que incluye una certeza: “You can’t take de sky from me” (“No puedes quitarme el cielo”). Es una última bofetada a los planetas Unificados, una advertencia de que no vivirá bajo sus leyes ni sus ideas. Por eso tomó una nave, la puso a volar y consiguió un equipo que lo aceptara tal y como era. Y decide vivir ahí, arriba, en el espacio, libre; en ese lugar donde para existir, sólo tienes que seguir volando. Existe otra versión preciosa hecha por Michelle Dockrey, fan de la serie, titulada "Mal's song" que cuenta con el mismo estribillo que el tema original. Pueden escuchar la canción en esta web

Durante 14 episodios, la serie relata las aventuras y las misiones de estos nueve tripulantes a bordo de Serenity y todos los episodios valen muchísimo la pena, sin embargo existe uno en particular que me ha parecido precioso: Out of Gas (Ep. 08), escrito por Tim Minear y dirigido por David Solomon. Out of Gas junto con el tema The Ballad of Serenity logran captar de manera magistral la esencia misma de la serie. Si a la FOX no le tembló el pulso al cancelar Firefly después de ver este capítulo es porque son unos bastardos insensibles. La trama, que comienza con Serenity suspendida en el espacio, transcurre en tres líneas de tiempo intercaladas a lo largo de sus 45 minutos de duración: el pasado, donde vemos cómo Malcolm Reynolds recluta a sus primeros cinco tripulantes (Zoë, Wash, Kaylee, Jayne e Inara), el momento en que Serenity se descompone, y el presente, donde Mal intenta reparar el problema del motor estando él sólo en la nave, muy herido y desangrándose  sin rastro alguno del equipo. La escena final es mi favorita, cuando Mal recuerda el día en que vio a Serenity por primera vez y se enamoró de ella. Sí, sí, lo suyo fue amor a primera vista. :’)


Nueve personas observando la negrura del espacio
y viendo nueve cosas diferentes (Joss Whedon).

CONCLUSIÓN FINAL:
Existen poquísimas cosas que me enamoran de verdad, las podría contar con los dedos de mis manos y me sobrarían dedos; Firefly es una de ellas. La razón de eso no lo entiendo todavía pero más o menos me doy una idea del por qué. No sólo habla de vaqueros y naves espaciales en un futuro distante en el que reina la incertidumbre y los mismos problemas sociales que nos rodean ahora; Firefly es mucho más que eso. Habla de libertad, de la lucha incesante del ser humano por no vivir subyugado a una fuerza mayor y tirana. Habla de la unidad como motor invisible de superación; del trabajo en equipo, del significado real de una familia cuando ni siquiera comparten un vínculo sanguíneo en común ni los mismos ideales o creencias. Trata de la necesitad que todos tenemos de huir a un lugar donde sentimos que nadie nos presiona, donde nadie nos lastima. No muy diferente a como lo hacían los corsarios o los piratas de antaño en los cuentos y poemas románticos de siglos pasados. Habla de las ansias de sentirse libre en una sociedad que no se cansa de presionarnos. Habla de las imperfecciones y de las derrotas y de las mil batallas perdidas que llevamos a cuestas. Habla de levantarse y sacudirse el polvo del desierto donde fuiste vencido sólo para renacer. Habla de disfrutar de las pequeñas victorias y jamás olvidar las grandes derrotas. Quizá es ahí donde radica el éxito de Firefly, quizá por esa razón aún perdura en la conciencia colectiva de los amantes de la ciencia ficción, porque se identifican con protagonistas que son bastante humanos, que no tiene superpoderes, sólo su actitud frente a las situaciones que cuestionan su fortaleza. Personajes llenos de defectos que no intentan arreglaros ni ocultarlos, sino que aprenden a vivir con ellos. Porque al final, la vida sólo trata de eso, de mirar más allá de las estrellas, sentirse libre y seguir volando.


Mal: Bueno, aun seguimos volando.
Simon: Eso no es mucho.
Mal: Es suficiente.

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Pequeñas notas:
1) Sí, debo dejar de hacer tantos post en mi blog con gif, pero estoy enamorada de ellos y me gustan. :D 2) Las picscam de Firefly fueron tomadas de este tumblr y los gif de este otro. Todo el crédito para sus respectivos autores. 3) Tengo un par de fanfiction de Firefly en mi cuenta de ff.net. :) Y síp, próximamente habrá reseña y opinión de cada uno de los episodios.