28 sept. 2013

Yo también sufrí bullying...

Sí, he sufrido bullying en la escuela. Más concretamente en la escuela preparatoria. Más específicamente en la escuela preparatoria Rubén Jaramillo de la Universidad Autónoma de Sinaloa, ubicada en la ciudad de Mazatlán. De aquello ya han pasado casi 10 años. Creo que nunca he hablado de esto aquí ni en ningún otro lado; no me gusta montar dramas innecesarios y absurdos propios de gente débil como somos los hostigados. O por lo menos esa es la opinión de los otros, de los que están en el medio, de los que nunca fueron agredidos y cuando lo hicieron devolvieron el golpe, como no queriendo la cosa y les funcionó el chistecito. “El mundo no es para los débiles” diría Darwin si se atreviera a mirarme ahora.

De todos los años en la escuela primera, secundaria y preparatoria sólo esas tres jovencitas de la escuela preparatoria Rubén Jaramillo me hostigaron y únicamente fue por un par de meses porque, harta no sólo de las porquerías que hacían conmigo sino de la indiferencia generalizada de mis maestros decidí un día ya no ir. Utilicé el pretexto de que la escuela se ponía en huelga una semana sí y la otra también para salirme y no volver jamás (aunque cabe aclarar que aquel tema de la huelga eterna era verdad).

Aun paso por aquella preparatoria que también fue de mi hermana y me sigue produciendo un profundo asco, como esa última vez que salí de ahí con lágrimas en los ojos, aparentando ser una enferma de gripe y tos con ojos llorosos por el virus, para que la gente que fue indiferente durante todo ese tiempo no se detuviera a preguntarme qué me pasaba. Yo débil, como siempre lo he sido; y ellos hipócritas, como siempre lo habían sido.   

De lunes a viernes, de 7 a 1, la misma rutina. Los mismos jalones de cabello, los mismos golpecillos en la oreja y en la espalda, el mismo encendedor debajo de la butaca de fierro, las mismas palabras hirientes: “Pelona” por tener el cabello corto, “muda” porque rara vez hablaba, “presumida” porque levantaba la mano cuando conocía la respuesta a algo, “tartamuda” porque a veces repetía las palabras más de la cuenta, “pendeja” sólo porque sí. Palabras que a nadie le dolerían, excepto a mí, porque antes que ellas, nadie me las había dicho.

Recuerdo las mismas conversaciones con los maestros a diario, tratando de hacerles entender que dolía lo que decían y hacían, que el encendedor provocaba ampollas, quemaduras y me estropeaba la ropa, que no era sólo un juego, que me molestaban, que hicieran algo. Y recuerdo perfectamente su indiferencia como maestros, su valemadrismo ante la situación, su necesidad de reprimir con una charlita sencilla a las tres alumnas que me odiaban sólo porque sí. Me daba coraje porque sus medidas eran en vano y los hostigamiento se hacía más grande, y más fuertes y más jodidos y yo tenía ganas de lanzar una bomba de napalm sobre la escuela; algo que nos matara a todos en el proceso, a toda la escoria de la sociedad, a los hostigadores, a los hostigados y sobre todo a los indiferentes, y aquellos que pensaban que el bullying sólo se resuelve devolviendo el golpe. Vaya asco de personas. Vaya mierda de sociedad creada. Vaya México podrido que con violencia siempre resuelve todo. Vaya actitud retrógrada.

Quizá por eso siempre he sentido empatía hacia aquellos estudiantes que, después de años y años de hostigamiento, terminan por cometer una masacre en su escuela. Cansados por completo de los consejos de otros, de la indiferencia, del mirar para otro lado. No me malinterpreten, no justifico su acción y mucho menos la apruebo, pero siento empatía hacia ellos, (y si alguien llega a leer esto y no saben lo que significa empatía existen diccionarios para saberlo, gracias), porque yo también tuve ganas de sacarle las entrañas a aquellas personas, de convertirlas en nada, de quemarlas en aceite hirviendo, de verter mil balas sobre sus cuerpos. Pero nunca lo hice y JAMÁS lo haré. Aun tengo el sentido común intacto.

“Me siento demasiado superior para el odio” decía Jean-Jacques Rousseau, y a estas alturas yo también. No odio a nadie. La palabra no me gusta; me da asco, me produce nauseas. Me recordaba a aquella época en la que yo solía odiar a la gente; días oscuros y fríos que prefiero no traer de regreso. Que me nublan la vista y me provocaban vértigo.

Siempre he sido asocial, siempre he marcado un muro invisible pero enorme entre mi persona y el resto del mundo. No me apetece hacer amigos, no me interesa inmiscuirme con el resto, no me interesa en lo absoluto pasearme entre una multitud de gente. Mi forma de ser se forjó a largo de mi infancia y no tiene absolutamente nada que ver con el hostigamiento que sufrí. Cuando eso sucedió yo ya era tal y como soy ahora, con los mismos traumas y con sueños más ingenuos.

A veces pienso en aquellas jovencitas que me quemaban y me decían palabras hirientes. Aun siento lástima por ellas, sobre todo por la líder de las tres, una chica delgada, pequeña, con el cabello disparejo y morado. Rebelde. Punk región 4. Aparentando una dureza que se la caía a pedazos cuando algún maestro la sacaba de clases por hablar mucho o por molestar tanto. Por apestar a cigarro. ¿Cuántas tragedias cargaría a sus espaldas como para que al hostigarme a mi sintiera la satisfacción que en otro lado no encontraba?

También sentía empatía hacia ella. La hostigadora típica; esa que me lastimaba para aliviar un poco el dolor de su vida cotidiana. Por las otras dos chicas jamás he sentido empatía. Eran niñas bobas, zombis; de esas que se tirarían a un barranco antes de preguntarte qué sentido tiene inmolarse o con qué propósito. ¿Qué será de sus vidas? ¿Serán más felices que yo? ¿Con menos traumas? ¿Con más miedos? ¿Tendrán hijos? ¿Tendrán sueños? ¿Esposos tiernos o novios golpeadores? ¿Golpearon a sus hijos para educarlos? ¿Esos hijos golpearan a otros niños en la escuela o serán ellos las víctimas de otros niños, como si todo fuera una cadena que se conecta? Entonces recuerdo quién soy y lo poco que aquellas tres chicas me importan; lo indiferente que me resultan sus vidas y sus muertes, sus sueños, sus problemas y sus nombres, y me olvido de ellas por completo, como aquellos seres a los que olvidamos en los cementerios.

¿Se siente bien hablar sobre esto después de callarlo durante tanto tiempo? No, se siente igual. Duele lo mismo… Quizá más. Hay gente que nunca lo entenderá. 

24 sept. 2013

Post random de septiembre con emoticones y todo muy loco.

Dice Maru que viene en son de paz.
No le crean.
Digamos que me apetece muchísimo escribir mil cosas y no me sale ninguna. Quizá eso, en el mundo de la escritura, tiene nombre pero me dan tanta pereza buscarlo que mejor dejémosle así. Pretendamos que mi inspiración con todas las musas que alguna vez pudieron resguardarse ahí se ha ido a buscar nuevos horizontes; más bonitos y menos cabezotas que yo.

Primero dije que no escribía porque tenía calor, y yo con calor no puedo vivir (mis neuronas montan un suicidio colectivo muy fuerte que no se lo deseo a nadie), y ahora que tengo un huracán categoría 1 sobre mi cabeza, una frazada cubriéndome el cuerpo, una quietud indescriptiblemente reinante en toda la ciudad, los abanicos apagados y Dante luciéndose de lo lindo junto a mi taza de café colombiano humeante y calientito, mi cerebro y mi inspiración deciden montar una huelga monumental que haría estremecer a los maestros del CNTE.

En estas situaciones no sé qué hacer. El hecho de no escribir nada durante tanto tiempo me desespera y me sale urticaria en el cuerpo y el alma. Tengo ideas para plasmar, muchísimas ideas, pero todas ellas están recreando un drama épico en mi cabeza y taladrando mis ganas de escribir. No es tan fácil. Es desesperante, es horroroso;  y usualmente me doy por vencida fácilmente. Escribo un par de líneas, las elimino veinte veces y cierro el procesador de textos. Por eso este post no tendrá sentido. Desde que escribí el primer párrafo hasta llegar al tercero ya han pasado dos días. El sol ya salió y mi taza de café ha sido sustituida por un vaso de agua helada. Para cuando este post esté concluido y publicado habrán pasado otro puñado de días más. Así suele suceder casi siempre.

Pero ya es suficiente ¿vale? Ha sido demasiado descanso, pereza y procrastinación repartidas en partes iguales y pienso que ya basta. Mi propósito de Año Nuevo era precioso: escribir un post cada semana. Nunca logré que fuera así, pero escribía tres post al mes y todo era perfección hasta que la primavera y el verano hicieron acto de presencia y los arcoíris surcaron el cielo mientras las mariposas brillaban por los campos y mi humor se fue por la cañería la mañana siguiente. Detesto el verano en Sinaloa; siempre lo he mencionado. No sólo no me gusta, sino que me enferma, me deprime y me mata todas las ganas de seguir escribiendo, pero ¿ven eso que se ve en el horizonte cercano? Es el otoño, con su 22 de septiembre bajo un brazo, y su secadora asesina de hojas bajo el otro. Sé que es un cliché, sé que es de catálogo, sé que es una ternura… y también sé que es mentira. Ya sé que en otoño hará tanto calor como en verano —quizá más—, que no todo será color calabaza y hojas de maple secas sobre árboles de mango (what?!) y un chocolate caliente a un lado de la chimenea (¿cuál?) mientras leo un libro cursi y romántico. Ya sé que eso sólo sucede en las películas y en Canadá, donde el otoño sí existe y se toman las fotografías preciosas que adornan los calendarios en estos meses. Aquí en Escuinapa esta estación del año sólo es una expansión de un juego mediocre llamado Verano, pero quiero pensar que no es así. Quiero creer que el calor remitirá un poco y podré dormir sin el aire acondicionado y sentir frío. Eso para mí sería fantástico. Por lo pronto quiero volver a escribir, quiero volver a la rutina. Estas son un par de cosas que me apetece retomar muy pronto.

UN POST A LA SEMANA: Sí, porque la vida era maravillosa cuando llevé esa rutina a principios de año. Actualizaré lo que sea, aunque sólo signifique poner una fotografía o algo breve sobre un tema en concreto; el objetivo será actualizar aunque sea poquito.   

MEMES: Conseguiré un par de memes (en Knowyourmeme.com hay muchísimos) y de esa manera no todos los post del blog tendrán una temática seria y, de una u otra forma, servirán para salirme de la rutina sin resquebrajarme mucho la cabeza en el proceso. En Facebook comencé un meme hace ya varios meses pero jamás lo completé, (porque así de poco persistente soy yo, y con lo poquito que me gusta Facebook, pues xD). Pienso reunir los pequeños post que escribí ahí, agruparlos en una entrada y publicar los otros poco a poco aquí en el blog; de esa manera me obligaré a terminarlo. Aquí también he dejado otro inconcluso que pienso retomar.

FANFICTION: ¡Me fascina escribir fanfictions! ¡Me encanta, me apasiona, me divierto como una enana! Pero así como soy capaz de escribir un one-shot de golpe soy capaz de votar otro con la misma rapidez. No es que la inspiración se me vaya, para nada. Lo que pasa es que al poco tiempo me resulta frustrante notar que ya no puedo continuar con la narrativa porque termina sonando redundante, cansina, lineal y plana; yo detesto con todo mi corazón que eso suceda. No les miento, ahí afuera existen personas que escriben A DIARIO fics de una forma maravillosa y creíble; a mí nunca me sucede eso. Cómo les envidio. >__<

Vale, este fic es para la víspera de Navidad pero lo empecé a escribir en junio.

Para escribir fanfictions necesitan estar dirigidos a un fandom en concreto. Mi problema principal es que yo jamás en la vida he podido permanecer con dos fandoms a la vez, es decir, no pudo amar dos series/películas/mangas y a sus seguidores al mismo tiempo; cada uno debe tener su propio espacio y su propio tiempo, que pueden ser un par de días o un puñado de meses (¡ajá!). Escribí varios fanfictions de Fullmetal Alchemist mientras estuve leyendo el manga y disfruté demasiado haciéndolo porque fueron historias espontáneas que terminaron gustándome precisamente por su sencillez. También quiero retomar eso. Porque, dicho sea de paso, escribo para mí; si en el proceso hay alguien por ahí afuera que se topa con mis relatos y le gustan ¡pues bienvenido sea! :) No pretendo escribir grandes historias con una prosa complicada, sino cosas sencillas y fácilmente digeribles. Tengo por ahí un par de borradores de fics inconclusos de FMA, Sherlock y Firefly. Esta última es una serie con la que me topé en el verano; ha sido todo un tesoro precioso y, así de golpe, he escrito seis fanfiction (de los cuales, cuatro están sin terminar; porque yo voy por la vida así, sin terminar cosas xD). También me apetece crear una rutina para continuarle dedicando tiempo a este pasatiempo tan maravilloso y volver a subir unos fics a Fanfiction.net que ya están previamente revisados, (porque las versiones definitivas que subí allí contienen algunos horrores ortográficos que harían llorar a Neruda). Y tal vez, por fin entonces, termine de una vez por todas de abrir la sección superior de Fanfiction en el blog. :P

TV: Bueeeeeno, para ser sincera no recuerdo cuándo fue la última vez que encendí la televisión. De hecho, hace más de un año mi hermano y yo les dijimos a mis papás que tenían permiso de sacar la TV de nuestra habitación porque ya no la veíamos y sólo estaba ocupando espacio. Mis padres donaron esa TV y la de la sala (que tampoco se usaba) a unos familiares y conocidos y sólo se quedaron con la que está en su recamara y que sólo ellos ven. Aún recuerdo vagamente lo mucho que detesta los comerciales y el contenido en decadencia que mostraban canales como The History Channel. Soy una exagerada y una drama queen, lo sé; ya sé que la televisión aun muestra contenido bastante respetable; es sólo que me da pereza buscarlo :P. Ahora, sí quiero ver un documental o una serie de TV o una película, la busco directamente en Internet. Más práctico y mucho más accesible.


Admito que NO soy una chica de series de televisión ¿vale? Pero últimamente he decidido seguir un pequeño número de shows, y el hecho de que sea septiembre le añade diversión al asunto: mañana se estrena la sexta temporada de Castle y estoy emocionadísima (de hecho hoy se estrenó en Canadá y ya tengo el episodio en mi Tablet listo para verlo :). Nunca pensé ni por un momento que me fuera a apasionar tanto, pero ver la evolución de los personajes durante todo el verano ha sido algo que he desfrutado a rabiar y ¡quiero más!

También me apetece ver el nuevo episodio de The Mentalist que promete muchísimo y, de todo corazón espero —por el bien de todos y para hacer justicia a la serie—, que ésta sea la última temporada y sus personajes tengan un final digno. Ya no pido un final feliz, sólo un final digno. En serio, alargarla más sería un suplicio y no estoy dispuesta a seguirlo.

Y después tenemos la segunda temporada de Elementary. Me pesa muchísimo ver esta serie, más por morbo que por ganas, sobre todo porque es buena… pero sencillamente no me gusta. No es un problema de actores ni personajes, ni siquiera de trama, como ya lo mencioné antes. Es algo más personal. Lo mismo me sucede con buenos shows como Fringe, Lost, Bones o The Walking Dead; el problema no es de ellos, el problema es mío. La razón para ver Elementary es porque al parecer el primer episodio transcurrirá en Reino Unido y veremos a Mycroft Holmes, el inspector Lestrade y el departamento 221b de Baker Street, ¿qué tan genial será eso? ¡Quiero saberlo! :)

También he estado viendo Homeland y ¡ay! He terminado la primera temporada y tuve una especie de corto circuito neuronal; pero como soy una asquerosa desesperada mejor dejaré que termine la tercera y así evito tirarme de un barranco en el proceso antes de saber cómo termina todo ¿ok? Aprovechando que la serie tiene poquitos episodios, JOJOJO. Lo mismo sucedió con Juegos de Tronos; he visto dos episodios de la segunda y dejé de verla hasta que terminará la tercera. Ya terminó y supongo que toca ponerse al corriente, aprovechando que ahora tengo una Tablet bastante respetable. Y también le tengo bastante ganas a Sleepy Hollow y Marvel's Agents of S.H.I.E.L.D, que se estrena en dos semanas, creo (no me hagan mucho caso). Lo admito, no soy muy fan de los superhéroes pero he desfrutado como escuincla The Avengers y sabiendo que esta serie también es de Joss Whedon pues adelante caminante. :) ¡Y no lo he olvidado, tengo una cita pendiente con Breaking Bad!

Punto y aparte están esas series de TV que no veo porque tengo miedo que me gusten demasiado (sí, existen): Doctor Who y Supernatural son dos de ellas. Podría jurar que el día en que me siente a verlas terminaré haciendo cuentas de Tumblr especiales para evitar llenar mi miniblog de un spam interminable (ya me ha sucedido antes, TRES VECES). Y hacer más cuentas implica procrastinar más y no tengo tiempo para eso. xD

Y si hablamos de Sherlock, pffff, sé que se estrenará en algún punto del 2014 y si eso sucede yo ya tendré telarañas en el cuerpo. Sólo de pensar en cuándo se estrenará la cuarta temporada me hace creer que habrá muchos huracanes y epidemias de por medio. Lo veo venir.

Para cuando se estrene el primer episodio iré por la vida como Rose versión anciana de Titanic:


Proyectos: ¡Necesito leer el tercer libro de Juego de Tronos! Ya lo tengo desde abril, así que sólo es cuestión de quitarle el plástico y ponerme a leer como loca empedernida, pero el hecho de leerlo e irme al trabajo y durar ocho horas sin tocarlo me aterra y me provoca insomnio, lo juro. Sólo por eso me detengo, :P. Próximamente también empezaré a releer el manga de Fullmetal Alchemist, que sinceramente ya han pasado un par de años desde que terminó y sólo lo he leído una vez completo. Deseo leerlo y escribir una opinión personal de cada tomo (¡son 27!), para posteriormente publicarlo en el blog temático que tengo en Wordpress. Y también pienso de todo corazón volver a ver Firefly ¡No saben las ganas que tengo de ver esa serie otra vez! Es entrañable y especial hasta decir basta. PFFF, juro que algún día compraré esos DVD y los veré en televisión hasta rayarlos (estoy exagerando); por lo pronto me estoy haciendo de una versión de 720p con subtítulos en inglés para reseñándolo basándome en estos archivos, pero terminará de descargarse en cuatro mil años. También las reseñas y opiniones —y sus fanfictions— irán a parar a otro blog temático. Lo cierto es que podría encasquetarlos aquí mismo, en mi blog, pero estaran desparramados por todos lados y no me apetece hacer eso. Mejor hago un rinconcito exclusivo para cada cosa, tal y como es la dinámica que seguía en Livejournal. :) Y finalmente, ahora que lo recuerdo, también tengo una cita con Shingeki No Kyojin, tanto el anime como el manga; y también con Natsume Yūjin-Chō y Fairy Tail, a los cuales les tengo muchísimas ganas. Y tampoco me olvido de The Big Bang Theory.

¿Saben qué? Creo que necesito otra vida, otro cerebro y quizá otras dos manos… y una laptop. xD I’m done. Cambio y fuera. PD: Tardé una semana con sus días y sus noches para que este post pudiera ser completado. 

20 sept. 2013

Sinaloa, la pitahaya redonda en emergencia.

Entre Mazatlán-Escuinapa.
Yo crecí en aquellas calles y recorrí todos esos caminos, ¿los ves? Ahora los ríos se han desbordados y los mares se han salido. Es la Sinaloa devastada, la tierra donde se forjó mi vida y donde inventé mis sueños. Aquella que, para bien o para mal, me hizo ser lo que soy hoy. Ahí vive esa gente a la que aprecio, esas que me regalaron un sin número de experiencias y me enseñaron momentos que recordaré toda la vida. Esas personas con las que sólo me tope un instante en la fugacidad de nuestro tiempo. Desde Guasave hasta Angostura, desde Culiacán hasta Mazatlán, desde Escuinapa hasta la Isla del Bosque y después hasta Teacapán. Cada pequeño rinconcito de Sinaloa me ha visto crecer, ahí he dejado instantes preciosos y dolorosos por igual. Ahí he dejado amigos verdaderos que seguramente poco recuerdan quién fui y vecinos entrañables que no dudaban en poner un poquito de fe en mi locura. Ahora pienso en ellos y me pregunto dónde están, ¿estarán bien?



Recuerdo el abarrote de mi infancia en La Reforma, Angostura, el carro que pasaba vendiendo tortillas, el señor amable del carrito de helados, la vecina esquizofrénica que hablaba idiomas imposibles y la carnicería olvidada de al lado. Recuerdo aquella pareja ciega que tuvo más hijos ciegos y vivían en una casa pequeña, pobre y humilde a los pies de un árbol enorme que se rendía perezoso ante su ceguera. Recuerdo el árbol de tamarindos en una bodega destruida y el de naranjitas de la casa detrás de la nuestra; donde aprendimos a escalar paredes para poder alimentarnos. Recuerdo los perros dálmatas de nuestro vecino y su empeño en permitirnos jugar con ellos por unas horas. Recuerdo mi escuela Leyes de Reforma, con Benito Juárez estampado en el escudo, el amarillo intenso de la camisa de nuestro uniforme, y el enorme tanque de agua que se elevaba metros y más metros sobre nuestras cabezas. Los desfiles épicos del Día del Marino, las pirámides humanas que hacían los integrantes de las Bandas de Guerra. Recuerdo lo mucho que se inundaban sus calles los días de lluvia y el lodazal que permanecía en cada rincón del pueblo días después de la tormenta. Ahí viví mi primer huracán, aquella vez que nos quedamos sin energía eléctrica por días y tuvimos que acampar todo ese tiempo en la cochera de nuestra casa para no morir de calor ahí dentro. Recuerdo que las noches más estrellas de mi vida las vi ahí; en la frontera de toda civilización. En La Reforma de mi infancia. Recuerdo nuestros constantes viajes los fines de semana a Guamúchil, Angostura, a El Llano, a El Bonete, a todos esos poblados con hectáreas y más hectáreas de interminables sembradíos. De girasoles rindiéndole pleitesía al sol, de caminos arbolados hasta el infinito. El amarillento color de los maíces sembrados; el frijol, los tomates. Los caballos, las gallinas, las vacas, toros y ovejas. Recuerdo cómo había veranos gentiles con el campo e inviernos implacables que quemaban la siembra; y el humor de los campesinos cuando la cosecha no era demasiado buena. Sus enormes banquetas, sus calles sin grafiti, la gentileza de la gente que te saludaba por las calles sin conocerte.   

Recuerdo las calles de mi Guasave y el camino que mi hermana y yo recorríamos a diario de regreso a casa. Los helados de vainilla afuera de la escuela Carmen Serdán, la calle que vimos pavimentar y lo que nos encantaba jugar con los cerros de arena cuando pusieron los nuevos conductos de agua. El inmenso patio de la escuela donde se instalaban circos y helicópteros por igual, la frontera del Este donde vivía un señor gruñón, la frontera del Oeste por donde se colaba el aire acondicionado de Plaza Ley. La señora buena que vendía churros en la salida. El guardia desconocidos que me ayudó a encontrar a mis papás aquel día que me perdí en el centro comercial y creí que me habían abandonado. La tienda de la esquina y la familia que la atendía. Mis últimos amigos. Las mañanas de invierno de bufandas y guantes, y el calor reconfortante del carro de papá. El OVNI que pasaba siempre a las 7 de la noche. El chupacabras, los balazos, el arroyo que se veía desde el segundo piso y el pino gigante de navidad de la CFE que se veía desde el 1 de diciembre. Los hot cakes del mercado y el chocomilk de las mañanas después de ir a misa.  


Mazatlán, Sinaloa.
Recuerdo el breve periodo de mi vida en Mazatlán y lo deprimente que me resultó vivir sola ahí por primera vez. Ni la belleza del mar a mis pies todos los días, ni la bondad de la gente, hizo que me enamorara de la ciudad donde nací. Aun así, adoro el malecón y los atardeceres increíbles a la orilla del mar y la neblina que cubre la playa los fríos inviernos. Adoro el bullicio del centro y el desnivel inverosímil de sus calles. La joya de la Plaza Machado y el Teatro Ángela Peralta. Y ese señor que le canta canciones al mar para que no se salga.

Recuerdo a diario mi odio hacia Culiacán en verano. Lo insoportable que resulta para mí respirar su aire y caminar por sus calles. La pesadez de la gente y la pesadez mía cuando el clima y los periódicos nunca traían portadas optimistas. Los camioneros suicidas y la flojera de las mañanas por ir a la escuela. Las personas sentadas en las escalinatas de la catedral y la mujer anciana que pedía limosna todos los días a las afueras de un banco. El señor mayor que vendía galletas a un lado de la escuela de Veterinaria junto a su perro. Su precioso Jardín Botánico, su increíble Centro de Ciencias, su meteorito estelar desafiando al planeta Tierra. 

Recuerdo a todas esas personas con las que me he topado a diario desde entonces en todos esos lugares, todos esos poblados, todas esas ciudades. Desde mis maestros hasta los amigos de mi infancia; desde vecinos hasta gente de buen corazón. Mi familia, la del norte y la del sur. La de Sinaloa. La de los ríos desbordados y las presas llenas. Para ellos no quiero tragedias, para ellos no quiero casas inundadas, ni vidrios rotos, ni avenidas dañadas, ni arboles caídos. Para ellos ni para nadie. Esa gente hoy necesita nuestra ayuda y desearía darles hasta mi existencia. Desearía que no les roce ni una sola gota de ningún huracán enfurecido, pero no puedo (y no pude) protegerlos de todo; ni construir un muro que impida que les toque el viento.

El huracán y la geografía del terreno fue generoso con mi familia en Culiacán, pero existen muchísimas (MILES) personas que no tuvieron esa suerte, para ellos va mi solidaridad los días venideros. Para ellos va mi ayuda, y mis deseos y mis esperanzas.  

Ahora, un mensaje para el resto: Estamos en septiembre, ¿qué mejor forma de conmemorar el mes patrio que ayudando?

DIF Sinaloa dice que estas son las cosas que necesitan con mayor urgencia. En los DIF de cada ciudad están recolectando estos víveres y ellos se encargarán de saber a qué lugares enviarlos: 

  • Leche en polvo
  • Agua embotellada
  • Enlatados (como atún o maíz)
  • Sopas instantáneas 
  • Harinas de trigo y maíz
  • Alimentos no perecederos
  • Gasas
  • Vendas
  • Desinfectantes de heridas
  • Suero
  • Alcohol
  • Agua oxigenada
  • Gel antibacterial 
  • Jabones neutros 
  • Pasta de dientes 
  • Cobijas
  • Ropa
  • Artículos de limpieza para el hogar (cubetas, franelas, escobas, cepillos, jabón)
  • Artículos de higiene personal (papel sanitario, toallas femeninas, pañales)

Aquí encuentran una lista de todos los centros de acopio para víveres del estado de Sinaloa. Incluye la dirección de cada uno al igual que su número de teléfono. ¿Quieren mi consejo? Pregunten antes de donar, existen ciertos víveres que la gente lleva con mayor frecuencia que otros, si hay un exceso de esos productos es posible que tengan que deshacerse de ellos o dejarlos para darle preferencia a otros. O quizá nunca sean enviados. Ya sabemos que eso ha pasado antes y la gente se queja mucho por el desperdicio de productos. 

El periódico Noroeste, por su parte, abrió sus oficinas en Escuinapa, Mazatlán y Culiacán para recibir donativos de sus habitantes, pero no mencionan qué clase de cosas necesitan. Por aquí la información

Cáritas Culiacán pone a nuestra disposición esta información:



Y por último, la Cruz Roja Mexicana NO TIENE CENTROS DE ACOPIO EN ESTE ESTADO, así mismo lo han expresado en la página web de Sinaloa. Los únicos lugares donde están recibiendo víveres es en Tamaulipas, Guerrero y el DF; nada más. Sin embargo piden ayuda económica. El número de cuenta para donar es 0404040406 SUCURSAL 683 BANCOMER.


Teacapán, Sinaloa.


¡ÁNIMO, SINALOA! ¡SIEMPRE ADELANTE!